Nuestro homenaje a la Internacional Comunista: mantener en alto la bandera del internacionalismo proletario

  • 14/05/20 18:04

Fundamentos y trascendencia histórica de la III Internacional

Hace un siglo que la Internacional Comunista realizó su primer Congreso en el marco de acontecimientos históricos de gran contenido y complejidad: el fin de la Primera Guerra, la Gran Revolución Socialista de Octubre, y la Revolución Alemana. Quienes concurrieron a la convocatoria de la Conferencia Comunista Internacional llevaban años de confrontación con el oportunismo, primero en el seno de la II Internacional y después contra su deriva antiobrera y antimarxista; confrontación que inició en el campo de la teoría y que pasó al escenario político en un contexto de agudización de la lucha de clases internacional y en cada país con la Primera Guerra Mundial, una guerra imperialista.

La Internacional Comunista inició su gestación en los debates en defensa del marxismo frente a las tergiversaciones de Bernstein, en la famosa polémica entre reforma o revolución, es decir, en el frente ideológico contra el revisionismo, librado no solo en el seno del Partido Socialdemócrata Alemán sino en todos los partidos. No está de más recordar que los teóricos del oportunismo deformaban grotescamente la ideología revolucionaria de la clase obrera, en un ataque permanente y metódico: ocultando los textos de Marx y Engels, o mutilándolos, al tiempo que erigían una teoría alejada de las tareas para el derrocamiento del capitalismo. Los partidos y grupos comunistas que se rebelaron contra el rumbo oportunista de la II Internacional entendieron muy bien la necesidad de rescatar la teoría marxista, y por ello se dieron a la tarea incansable de publicar las obras clásicas y dar a conocer todo aquello, como la correspondencia, los manuscritos inéditos, que demostraba que el sentido general de Marx y Engels era la Revolución proletaria; además comprendieron que el oportunismo buscaba hacer del marxismo un dogma como forma también de envilecerlo, y que era necesario enriquecerlo en función de los nuevos desenvolvimientos económicos y sociales, entre ellos el paso del capitalismo de la libre concurrencia al de los monopolios, lo que llevó a que adquirieran un papel de vanguardia en el plano de la teoría para contar con un arsenal de grueso calibre en los acontecimientos por venir, es decir el inicio de una nueva época de revolución social.

Tal prognosis, debida al gran esfuerzo teórico revolucionario de Lenin y los bolcheviques, y de las corrientes marxistas de otros países, es lo que permite el audaz planteamiento a pesar de ir a contracorriente, de una nueva internacional, aun cuando son una minoría[1], aun y cuando el socialchovinismo y el socialpatriotismo parecen ser hegemónicos o inclusive omnímodos en los años 1914-1918.

Y es que uno de los elementos abandonados de la teoría marxista por el oportunismo es el del internacionalismo proletario. Abandonado y además traicionado, como lo prueba la conducta de la II Internacional en descomposición, en la Primera Guerra Mundial. El internacionalismo proletario no solamente concebido como la fraternidad entre los trabajadores de todos los países, como las necesarias acciones de solidaridad y de acción común, sino además como un marco para la elaboración política, es decir para el diseño de una estrategia revolucionaria unificada.

En la Carta a los obreros de Europa y América fechada el 21 de Enero de 1919, Lenin describe muy bien que la realidad política que sustenta la existencia de la Internacional Comunista, aún antes de su Congreso de fundación, el Primer Congreso, es la ruptura con la II Internacional del Partido Bolchevique, fortalecida por la decisión de los espartaquistas alemanes de conformar el Partido Comunista de Alemania; y junto con ellos los destacamentos comunistas proletarios de Letonia, Finlandia, Polonia, Austria, Hungría, Holanda.

Todos ellos se posicionaban contra la plataforma consistente en “La defensa de la colaboración de clases, el abandono de la idea de la revolución socialista y de los métodos revolucionarios de lucha, la adaptación al nacionalismo burgués, el olvido de las fronteras históricamente transitorias de la nacionalidad o de la patria, el fetichismo de la legalidad burguesa, la renuncia al punto de vista de clase y a la lucha de clases por temor a que se aparten ´las amplias masas populares´ (léase la pequeñaburguesía): tales son indudablemente los fundamentos ideológicos del oportunismo[2]”.

La lucha contra el oportunismo, el revisionismo y el reformismo, permanente y sin concesiones para rescatar al marxismo, restituyéndole sus características de ideología revolucionaria del proletariado, fue una premisa fundamental para el surgimiento de la III Internacional.

La decisión de mantener en alto la bandera del internacionalismo proletario frente a su abandono por la mayoría de la II Internacional, fue otra premisa fundamental. Las presiones eran muy fuertes y literalmente había que estar a contracorriente. Fue un crimen de los oportunistas avalar la guerra y llevar a los trabajadores a la carnicería.

Por supuesto es de gran vigencia el ejemplo de que en defensa de los principios no hay que temer a quedarse en minoría.

Lenin además subraya que otra característica importante de la III Internacional es llevar a la práctica, después de la Comuna de París, la dictadura del proletariado, con la Gran Revolución Socialista y el poder soviético.

Una vez formada la Internacional Comunista, su presencia y actividad nutren cualitativamente la lucha internacional de clases del proletariado. La Primera Internacional, y la II Internacional, a pesar de sus grandes esfuerzos, no tuvieron el impacto mundial que sí logró la Internacional Comunista.

Por primera vez se universalizó la difusión de las ideas del socialismo científico, enriquecidas como marxismo-leninismo. Un esfuerzo extraordinario de traducción e impresión de las obras clásicas, organizando su distribución, aún en condiciones de clandestinidad por todos los Continentes, en todos los idiomas y en buena parte de los dialectos. Millones de obreros han tenido por ello contacto con las ideas comunistas.

En todos los continentes y en la mayoría de los países al formarse las secciones de la Internacional Comunista, la clase obrera tuvo su destacamento de vanguardia, su partido político, el partido comunista. En algunos países, por ejemplo los de Europa, existían partidos que fueron resultado de la lucha entre oportunistas y revolucionarios en el marco de las organizaciones de la II Internacional, pero en América Latina, Asia y África, cuando menos, el proletariado contó por vez primera con su partido de clase. A lo largo de casi un siglo se demuestra la importancia de esa contribución de la III Internacional, pues los trabajadores contando con su Estado mayor han llevado adelante procesos revolucionarios, se han organizado mejor y han acumulado una experiencia para su objetivo histórico.

Además tales partidos resultado de la labor de la Comintern, en función de las 21 Condiciones para ingresar en ella, fueron forjados como partidos de nuevo tipo, cimentados sobre la teoría leninista de organización, lo que significó un avance gigantesco con relación a las formas existentes de los partidos socialdemócratas. Como columna vertebral de los partidos comunistas, miles de militantes se formaron como cuadros en la Escuela Internacional Leninista.

En los Congresos y Plenos, así como en todos sus comisiones y organismos, la III Internacional realizaba un estudio constante de la lucha de clases, de la situación económica y sus tendencias, de las políticas reaccionarias, del accionar político de los revolucionarios en cada país, de la construcción socialista y sus dificultades, de las contradicciones interimperialistas, del antagonismo entre explotados y explotadores, entre oprimidos y opresores, y diseñaba la estrategia y la táctica, las consignas. Un cerebro mundial de la clase obrera funcionaba en la lucha contra el capital.

No debe extrañarnos que el enemigo de clase ataque a la Internacional Comunista, pero es grave que algunos dirigentes y cuadros en el movimiento comunista, inclusive el contemporáneo, asuman esa falsa idea de que las orientaciones se tomaban en un centro y eran ajenas a la realidad, o plagadas de eurocentrismo. Es posible hoy debatir en concreto las elaboraciones de la Comintern y comprobar la seriedad y fundamento de sus posiciones. Bajo ningún argumento debemos tolerar la calumnia que busca caricaturizar la elaboración de posiciones comunes, la elaboración de una estrategia revolucionaria unificada, de la forma que lo hizo en su existencia la Internacional Comunista, más también la necesidad que existe de ello, y no solo hoy, sino en los años y décadas pasadas que siguieron a la disolución de la Comintern.

Estudiando los materiales de la Comintern, la Revista La Internacional Comunista, La Correspondencia Internacional, las actas del Comité Ejecutivo y de los Plenos, Plenos Ampliados y Comisiones por región, apreciaremos una discusión profunda y la modificación de puntos de vista según la realidad cambiante de la lucha de clases, así como la adecuación constante de las orientaciones. Son falsas de cabo a rabo las versiones de la historia de la III Internacional que la presentan como distante de los acontecimientos de cada una de sus secciones.

El movimiento obrero y comunista de México dio un salto de cualidad al recibir el enriquecimiento de sus percepciones, con las discusiones, orientaciones y consejos de la III Internacional, dejando rápidamente atrás el fardo del apoliticismo, el abstencionismo, el sectarismo, y otras desviaciones que había cimentado el anarquismo que arraigó en el último cuarto del siglo XIX en la clase obrera mexicana.

La clase obrera de México tendrá por siempre una deuda con la contribución de la Internacional Comunista para la formación de su partido político revolucionario, el Partido Comunista.


[1] Lenin escribe en el año 1914: “La II Internacional cumplió su cometido, realizando una útil labor preparatoria para la previa organización de las masas proletarias dentro de la larga época ´pacifica´ de la más cruel esclavitud capitalista y del más rápido progreso capitalista del último tercio del siglo XIX y de comienzos del XX. ¡La III Internacional tiene ante si la tarea de organizar a las fuerzas del proletariado para la ofensiva revolucionaria contra los gobiernos capitalistas, para la guerra civil contra la burguesía de todos los países por el poder político y por la victoria del socialismo.”
[2] Lenin, Vladimir Ilich; La situación y las tareas de la Internacional Socialista; Obras Completas Tomo 41; Editorial Progreso, Moscú
 
 

Elementos de debate en el movimiento comunista internacional sobre la III Internacional

Siendo objetivos, sin nostalgias, pero también sin prejuicios, los argumentos de la consulta del Comité Ejecutivo a las Secciones de la III Internacional para proceder a su disolución, son insuficientes. Los ulteriores mecanismos para el movimiento comunista internacional han resultado limitados; la más importante, la Kominform, fue cesada como resultado del ataque oportunista que significó el XX Congreso del PCUS. Es notable como una de las corrientes que han estado en la plataforma ideológica de la corriente oportunista del eurocomunismo, el “marxismo occidental”, centra sus ataques en los V y VI Congreso de la Internacional Comunista y en la Oficina de Información de los Partidos Comunistas, al tiempo que hace grandes elogios al VII Congreso de 1935 y al XX Congreso del PCUS, que abre paso al policentrismo y a las llamadas vías nacionales al socialismo.

Se instaló una percepción, que en nuestra apreciación -puesto que el Partido Comunista de México lleva algunos años estudiando sistemáticamente la experiencia de la Internacional Comunista- es incorrecta: sobre el asunto de que la elaboración estratégica aprobada por el VII Congreso de la Internacional Comunista tiene carácter general, y validez permanente e inmutable.

La Comintern atenta al desenvolvimiento de la lucha, tomando en cuenta la crisis del capitalismo, las políticas de los Estados burgueses para lograr su estabilidad, los estallidos de insumisión, el despliegue del fascismo, el rol de la socialdemocracia, va precisando la estrategia y la táctica, entendiendo que es necesario siempre hacer ajustes, maniobras, pasar audazmente a la ofensiva u organizar el repliegue y la defensiva. Se combaten las desviaciones de izquierda y de derecha, el putschismo, el aventurerismo, el alejamiento de la clase, se insiste siempre en el trabajo entre la clase, entre las masas. Y pueden estudiarse, por ejemplo las experiencias de la Comintern en Alemania, en Italia, en Checoslovaquia, en México, en China. Y debe entenderse ello, en la elaboración estratégica y táctica, es para la Comintern una exigencia la política leninista del análisis concreto de la realidad concreta. En tal elaboración imperaba la discusión profunda entre el Comité Ejecutivo y cada Sección Nacional. Debemos refutar la calumnia de que la III Internacional, y cualquier forma futura de unidad o coordinación en el movimiento comunista Internacional, están condenadas al fracaso en el esfuerzo de la elaboración de una estrategia revolucionaria, pues no se consideran las especificidades, las particularidades. Por el contrario, como lo explicaremos más adelante, una estrategia revolucionaria común es hoy más necesaria, y ayer en los años de la gloriosa Internacional Comunista demostró su eficacia. Algunas tendencias centristas en el movimiento comunista consideran que hay que dar pasos en las formas de coordinación, pero por delante colocan un rechazo absoluto a un análisis y posiciones conjuntas sobre asuntos esenciales.

Aunque existe una minoría que rechaza la contribución de la Internacional Comunista, la mayoría de los partidos comunistas y obreros consideran trascendental su contribución. La diferencia viene al evaluarla en su conjunto. Ya que asumen solo la política de los frentes populares, de las alianzas con la socialdemocracia. Y esa es la cuestión toral, que inclusive es el fundamento para la existencia de cada partido comunista.

A diferencia de lo que se expresa por los teóricos del oportunismo –o mejor dicho publicistas- que anidan en el movimiento comunista internacional, el V y VI Congreso no prohijaron el sectarismo, ni el dogmatismo. Es un periodo muy difícil el que existe en ese intervalo, por ejemplo la crisis de 1929, el reflujo de la situación revolucionaria, el ascenso al poder del fascismo en varios países, un periodo de reacción en el que varios PC son condenados a la clandestinidad; a pesar de las dificultades las orientaciones son precisas y exactas, para acentuar el trabajo de organización en el proletariado industrial, con un sindicalismo rojo y clasista, organizar masivamente a los desempleados y todos los trabajadores en paro forzoso; la política del frente único, precisado como frente único desde abajo en el XI Pleno del CEIC, la preparación de la lucha contra la guerra imperialista, el fuerte debate sobre la construcción socialista en la URSS y el enfrentamiento con las corrientes antiproletarias del trotskismo y la oposición de derecha y con la contrarrevolución interna para llevar adelante la industrialización y la planificación de la economía; la elaboración del único Programa con el que contó la Comintern. Evaluando la historia de la Sección Mexicana lo que se ve es como el joven PCM, fundado en 1919, crece en ese periodo, desarrolla un potente trabajo obrero sindical y una masiva influencia en el campesinado, a pesar de la clandestinidad a que por cinco años se enfrenta. Ante el proletariado mexicano surge su partido de clase en confrontación ideológica con la socialdemocracia, con la burguesía y la pequeñaburguesía, se conquista la independencia de clase y se forja una consciencia socialista entre los trabajadores. El fuerte viraje del VII Congreso produce un desastre en el PCM a pesar de algunos éxitos aparentes, que deslumbran pero que no se cimentan en bases objetivas: el partido pasa de 5000 a 30 000 militantes entre 1936 y 1939, pero después de la gran crisis del Congreso Extraordinario de 1940 se reduce a un número inferior a los 3000; su periódico que alcanzó antes de 1935 un tiraje de 50,000 ejemplares diarios, se transforma en un semanario irregular y su poderosa presencia sindical se reduce a la marginalidad; ideológicamente débil asume sin resistencia las tesis browderistas.

Es importante explicar algunas cuestiones. Es un elemento crucial el carácter de las alianzas, y cuando tienen un carácter interclasista no fortalecen los intereses de la clase obrera, sino el de la burguesía, tal conclusión de acuerdo a la experiencia no se circunscribe a la situación que señalamos, sino ocurre inclusive ahora, con relación a las alianzas contemporáneas entre partidos comunistas y fuerzas socialdemócratas, como el progresismo en América o inclusive en la participación de partidos comunistas en coalición con fuerzas burguesas, inclusive participando en la gestión estatal con responsabilidades gubernamentales. Ello se agrava cuando se rebaja el frente ideológico, y muestra cuan importante es aquel señalamiento de Lenin en su obra ¿Quiénes son los “amigos del pueblo”…? acerca de la disyuntiva ideología burguesa o ideología socialista. En ese momento la Sección Mexicana de la III Internacional con la política de unidad a toda costa permite que la ideología burguesa de la Revolución Mexicana se convierta en el fundamento de la unidad sindical y la plataforma programática del frente popular en México, cediendo un importante terreno en los asuntos de la disputa por la consciencia de la clase obrera; además la ideología de la Revolución Mexicana penetra al PCM que considera que el carácter progresivo de la burguesía no se circunscribe a su lucha revolucionaria contra el feudalismo o a su papel decimonónico contra el colonialismo en América, sino que se extiende a la época del imperialismo y las revoluciones proletarias.

Otra cuestión aberrante es ceder al frente el rol del partido de la clase obrera, colocando inclusive la disolución de éste si fuera necesario. El PCM se integra al burgués Partido de la Revolución Mexicana, considerando que este es la expresión concreta del Frente Popular, y en interés de la unidad a toda costa disuelve a la Federación de Jóvenes Comunistas en las Juventudes Socialistas Unificadas de México (JSUM), que no son ya la juventud comunista, la juventud del Partido, la cantera de cuadros, sino un organismo unitario funcional al frente popular dirigido por la burguesía, con ideología burguesa, transformándose en la cantera de cuadros de un partido burgués.

Se comprenderá que cuestionemos la idea de que el frente con la socialdemocracia y otras fuerzas burguesas es el escalón más alto de elaboración estratégica del movimiento comunista internacional. Y hoy falta además el componente principal del argumento de 1935: la defensa de la patria del socialismo, la Unión Soviética. ¿Qué puede entonces justificar hoy las alianzas interclasistas?

Consideramos que las alianzas con la socialdemocracia son una manifestación oportunista de la colaboración de clases y un serio obstáculo a la lucha revolucionaria; la conformación de frentes de esa naturaleza serán siempre un elemento liquidador del Partido Comunista; y la inexistencia del partido comunista es el mayor atentado a la clase obrera y a sus objetivos inmediatos e históricos.

Hay por ejemplo expresiones de esas alianzas que no tienen justificación, y uno de ellos es el apoyo al Partido Demócrata, del Partido Comunista de los EEUU. Y es que cuando se deja de lado la perspectiva de los intereses de la clase obrera y se coloca la lógica del “mal menor” hasta la política imperialista del Partido Demócrata puede parecer mejor a la política imperialista del Partido Republicano. Así varios partidos comunistas justifican su apoyo a políticas burguesas con el pretexto de la “ultraderecha”, y del fascismo.

Tenemos gran respeto por la política de los comunistas contra el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial, pero no podemos negar que algunos elementos de esa política están conectados al browderismo, a la plataforma oportunista del XX Congreso del PCUS, al eurocomunismo, y en alguna forma configuran una plataforma de ciertas similitudes a la del oportunismo en la II Internacional.

Es una paradoja que se opongan a la elaboración de una estrategia revolucionaria unificada aquellos que sostienen una estrategia oportunista común con el argumento de que la generalización de la experiencia excluye la importancia de la lucha nacional, las especificidades, las particularidades; en tanto de contrabando cuelan una estrategia general basada en la posibilidad de transición pacífica del capitalismo al socialismo – que demostró ya su inviabilidad en Chile y en las fortalezas del eurocomunismo (Italia y Francia); en las vías nacionales al socialismo, todas ellas con los mismos componentes: negación de la dictadura del proletariado, alianza con la socialdemocracia, formaciones políticas pluriclasistas, gestión capitalista de la economía, elevación de la democracia burguesa a valor absoluto, o si para decirlo burdamente, que los comunistas gestionen los gobiernos del capitalismo.

Necesidad de continuar la experiencia de la III Internacional

Entre 2007 y 2010 el proceso de reorganización del PCM enfrentó una crisis interior. ¿Podíamos continuar el proceso con la plataforma que tuvo el movimiento comunista después de 1956, criticando solamente lo relativo a la perestroika, o era necesario dar una lucha para restituir al marxismo-leninismo su contenido revolucionario, y abordar así la lucha de clases contemporánea?

En el profundo debate que culminó en nuestro IV Congreso decidimos así inscribir en los estatutos del PCM, el deber del Partido y sus militantes de luchar por dar continuidad a la Internacional Comunista. No es una declaración retorica; existe una necesidad de los trabajadores del mundo y del movimiento comunista internacional para abordar los asuntos estratégicos de confrontación al capital y al sistema imperialista.

Por ello luchamos en favor de esa corriente de los partidos comunistas leninistas, con paciencia y entendiendo las dificultades, sin asumir decisiones inesperadas a pesar de la urgencia, pero con la convicción profunda e inalterable de que hay que dar continuidad a la obra de la III Internacional.

En tanto consideramos nuestro deber continuar profundizando en los asuntos ideológicos comunes a la clase obrera internacional y luchando contra nuevas vestiduras del oportunismo y las teorías burguesas y pequeñoburgesas que ponen obstáculos a la unidad internacional del proletariado y del movimiento comunista.

Una de estas teorías es aquella que con pretendido ropaje marxista enfoca que lo principal es la contradicción entre el norte y el sur, con algún impacto en América Latina; su principal exponente, Samir Amin, aseguraba que el desarrollo de China y la India son el principal contrapeso al capitalismo que tiene el norte por base geográfica. En el fondo es un argumento que sustenta la teoría burguesa de la multipolaridad y que tiene por objetivo llevar a la clase obrera a empuñar banderas ajenas en la disputa interimperialista que marca al Mundo. De ella se deriva una vieja idea lanzada por la “Nueva Izquierda” acerca de que los obreros de los países más desarrollados del capitalismo no tienen ningún rol en la lucha revolucionaria, y que son los pueblos del sur, y otros sujetos emergentes quienes están interesados en la transformación. Es una idea que penetró en algunos partidos comunistas, y con la que no estamos de acuerdo.

La clase obrera, independientemente de su nacionalidad, de su posición geográfica, de su raza o su sexo, es portadora, de las cualidades revolucionarias necesarias para convertirse en la sepulturera del capitalismo. Si por razones de la División Internacional del Trabajo en una región se intensifica la explotación ello no da en automático la revolucionarización de los trabajadores, lo que depende estrictamente de la adquisición de la consciencia de clase, de su educación política, de la agitación y propaganda, de su organización, es decir del rol del PC. Tales ideas se asemejan a aquellas tesis oportunistas refutadas por la teoría leninista, acerca de que el socialismo solo tiene viabilidad en aquellos lugares de mayor desarrollo capitalista.

Debemos estar en guardia contra todas aquellas ideas tendientes a obstaculizar la unidad de la clase obrera en escala nacional e internacional, que la dividen, y que regularmente tienen una cobertura progresista o izquierdista.

Y debemos seguir haciendo el máximo esfuerzo por ondear la bandera de la Internacional Comunista. En nuestra modesta opinión, la existencia de la Revista Comunista Internacional es una importante contribución en esa dirección.

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