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Las tesis del Partido Comunista Trabajador de Rusia: Los peculiaridades actuales de la crisis del capitalismo y sus rasgos específicos en RusiaI. De la teoría general de las crisis
Bajo la anarquía de la producción, de vez en cuando, una parte del capital acumulado (como mercancías, medios de producción y dinero) no puede ser utilizada como medio de explotación, fuente de la ganancia adicional. Entonces, tiene lugar la demora de la producción y después su achicamiento, o sea, se desenvuelve la crisis de la sobreproducción.
Este mismo progreso técnico permite, además, a los empresarios emplear en proporciones cada vez mayores el trabajo de la mujer y del niño en el proceso de la producción y circulación de las mercancías. Y como, por otra parte, ocasiona una reducción relativa de la necesidad de trabajo vivo de los obreros por los empresarios, la demanda de fuerza de trabajo desciende necesariamente por debajo de su oferta, en virtud de lo cual aumenta la dependencia del trabajo asalariado respecto del capital y se eleva el grado de explotación del trabajo. Este estado de cosas dentro de los países burgueses y la constante agravación de la rivalidad mútua entre ellos en el mercado mundial dificultan más y más la venta de las mercancías que se producen en cantidades cada vez mayores. La superproducción que se manifiesta en forma de crisis industriales más o menos agudas, seguidas de períodos más o menos largos de estancamiento industrial, es una secuela inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas en la sociedad burguesa. Y, a su vez, las crisis y los períodos del estancamiento industrial arruinan aún más a los pequeños productores, aumentan aún más la dependencia del trabajo asalariado respecto del capital y conducen aún más rápidamente al empeoramiento relativo y, a veces, absoluto de la situación de la clase obrera. Por lo tanto, el perfeccionamiento de la técnica, que significa incremento de la productividad del trabajo y aumento de la riqueza social, condiciona en la sociedad burguesa el acrecentamiento de la desigualdad social, la ampliación de la distancia entre los poseedores y los desposeídos, y el crecimiento de la inseguridad de existencia, el desempleo y toda suerte de privaciones para capas cada vez más vastas de las masas trabajadoras”.
Por supuesto, a Ford no tanto le preocupaba la justicia social como la necesidad para la producción de la mayor demanda de consumo, así como el peligro para el capitalismo de los eventuales conmociones sociales. Sin embargo, su posición era avanzada en mucho, no sólo para la primera mitad del siglo 20, sino también para el nuestro tiempo. Lo que los mejores representantes de la clase burguesa entendían, los típicos ven de otro modo. Se ilustra bien por el ejemplo de la Rusia de hoy: en el año 2008 (antes de la crisis), el salario promedio acercaba a 16 mil rublos mensuales, y el valor de la fuerza de trabajo expresado en rublos (dependiente de la región, modo de trabajo, cantidad de hijos) oscilaba entre 160 y 240 mil rublos mensuales; es decir, hoy día el salario constituye entre 7 y 10% del valor de la fuerza de trabajo.
Más detalladamente, el asunto de la teoría de Carlos Marx de la realización y de lo inevitable de la crisis de la superproducción queda expuesto en la obra de V.I.Lenin “El desarrollo del capitalismo en Rusia”[4]. Vladymir Ilyich menciona que la formulación de Marx “la última causa de todas las verdaderas crisis sigue siendo siempre la pobreza y la limitación del consumo de las masas, que se opone a la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas así como el límite de su desarrollo fuese sólo la capacidad consumidora absoluta de la sociedad” es sin dudas acertada, pero en ningún caso (!) no se puede limitarse con ella. En la formación del mercado interno, el papel de los medios de producción es mucho mayor que el papel de los bienes de consumo. El análisis de las leyes de la circulación del capital constante también muestra lo inevitable de las crisis capitalistas.
Entre las medidas de esta dirección, las más conocidas son los esfuerzos de Roosvelt para superar la Gran Depresión y la así llamada política keynesiana. Todas estas medidas han sido analizadas en detalle por la teoría comunista; queda probado que tanto las salidas de la crisis como los así llamados períodos sin crisis se logran por medio de las formas más refinadas y fortalecidas de la explotación de los trabajadores. Para confirmar la efectividad de estas medidas, alegan que en la historia del capitalismo de portguerra faltan las conmociones tan profundas como la crisis económica mundial de 1929-1933. ¿Acaso el capitalismo sí encontró el modelo de la regulación sin crisis, y qué mecanismos regulatorios nuevos se emplean pàra aplazar la crisis?
De aquí la transformación paulatina de la industria en las empresas accionistas... Lo mismo respecto del comercio... Lo mismo respecto de los bancos e instituciones crediticias... En la esfera de la agricultura, lo mismo... Y la aplicación del capital en el extranjero, toda en acciones...etc.”[6] El el siglo XX, y más aún en el siglo XXI, surgió la gran multitud de las formas de existencia parasitaria; su perfección tecnológico-intelectual puede causar admiración. Sin embargo, todas ellas caben en aquella definición del clásico del siglo XIX: “la masa de gente aburrida de la tensión constante”. Los así llamados “valores”, supuestos reflejos objetivos del valor real de la producción, en realidad se inflaban bajo el impacto del agio mercantil, a veces se caían, mas en la perspectiva larga iban creciendo, creciendo, creciendo.
III. Las peculiaridades rusas de la crisis actual.
Para dar entender de qué sumas se trata, digamos que la estadística oficial de Rusia evalúa el valor de sus fondos productivos fijos en 60,4 millones de millones de rublos; el coeficiente medio de la renovación de fondos (2007) oscilaba entre 1,9% (la producción de la energía eléctrica) y 6,6% (la producción manufacturera). Según las normas soviéticas, en la producción manufacturera este coeficiente tendría que ser no menos de 13%. O sea, la falta anual de inversiones en la economía real, sólo por la línea de amortización, sin hablar ya de la acumulación, suman no menos que 6 millones de millones de rublos. Es uno de los factores que explican el crecimiento del número de los “milliarderos de dólares” en Rusia, también en el período del gobierno de Putin (de los 13 en 1999 a más de los 100 en 2008). Por una parte, la violación de las leyes de la reproducción del capital fijo llevaba a la disminución de la carga de la industria rusa, pérdida de los empleos, lo que, a su vez, reducía la masa monetaria que podría llegar a los trabajadores y formar su demanda. Por otra parte, esto llevaba a la degradación de los fondos fijos y del nivel técnico de la producción, ante todo, de las ramas de alta tecnología. Respectivamente, tanto el volumen de la producción real como el pago de la fuerza de trabajo declinaban.
Así las cosas, cuando los apologetas actuales del capitalismo dicen que la crisis de hoy tenga la naturaleza nueva en absoluto, que no haya habido tal crisis hasta ahora, que sea la crisis de finanzas sin cualquiera superproducción etc., debemos contestar que no es así de ninguna manera. La enorme masa de la población carecía de los recursos monetarios reales, o sea, de la demanda solvente, y también el capital ruso mostraba la demanda de los medios de producción por debajo de la normal. Esto era la causa del comienzo de la crisis. El impulso la dió el reventar de la burbuja financiera en los EEUU y el pánico posterior. Este proceso se acentúa con el predominio en la economía rusa de la exportación de las materias primas, la caída de los precios del petróleo y otras materias primas, y la enorme deuda externa de las corporaciones rusas (a fines del 2008, más de 500 mil millones de dólares). Por la caída del mercado de valores en Rusia en 75% (marzo del 2009), tres veces más profunda que en los EEUU, y el enorme endeudamiento de las corporaciones privadas por los créditos bajo fianza de las acciones ahora devaluadas de sus empresas, no podemos excluir la absorción de la parte de la economía nacional por el capital transnacional más grande. Es poco probable que de esto resultara el saneamiento de las ramas técnicamente avanzadas de la industria manufacturera y productora de máquinas. Todo dice que la situación será utilizada para exterminar a los competidores, y en las ramas productoras del combustible y materias primas, afianzar su dependencia de las corporaciones transnacionales. Así las cosas, subrayemos otra vez: desde el punto de vista de la ciencia, se trata de la crisis de la superproducción capitalista en la época del imperialismo, o sea, de la crisis normal, inevitable y expectada. IV. ¿A expensas de quién? (La superación de la crisis y la oposición de las actitudes comunista y oportunista).
Primero, los gobiernos burgueses se esforzarán para quitarse de la responsabilidad de la crisis y colocar toda la culpa sobre los “chivos expiatorios” reales o creados artificialmente. Ya se han encontrado y se encontrarán unos estafadores financieros, funcionarios y estructuras bancarias gravemente errantes, etc. El gran capital es listo a sacrificar a cualquiera persona o autoridad para salvar de la responsabalidad al capitalismo como tal, al mismo sistema de la estructuración del ser social afianzada sobre la forma de apropiación capitalista privada. Segundo, se proponen y se propondrán decenas de medidas, planes, modelos de “cambio” del sistema existente, para cambiar algo y no cambiar nada en la raíz, o sea, en la base del régimen capitalista. Con todo esto, queda absolutamente claro que la burguesía tratará de cargar todas las privaciones de la salida de la crisis sobre las espaldas de los trabajadores. En las condiciones semejantes, la historia y la práctica del movimiento comunista saben dos tácticas. Durante las crisis, el ala oportunista tiende a apaciguar la situación y evitar los conflictos sociales, asume la “actitud patriótica responsable”, alineándose de hecho con las autoridades para salvar a los productores nacionales y al mercado nacional. Llaman a los ciudadanos a llenarse de paciencia y responsabilidad y no “menear el bote” para sobrevivir juntos en los tiempos duros. Es verdad que los oportunistas se ven obligados a apoyar ciertas reivindicaciones progresistas ante el gobierno, o sea: introducción de las medidas de la regulación estatal, como la nacionalización selectiva, el apoyo social a los desempleados, trabajadores y otros ciudadanos del país. Sin embargo, estas medidas tienen el carácter contradictorio y sirven a la orientación fundamental: evitar las amplias protestas de los trabajadores y la reducción de las ganancias capitalistas. En Rusia, tenemos un ejemplo reciente de tal coincidencia de los intereses de la oposición parlamentaria oportunista y el gobierno burgués. En 1998, bajo la crisis económica, el goberno declaró el default, lo que provocó la devaluación momentánea del rublo en cuatro veces. En aquel momento, por todo el país crecían las protestas de los trabajadores que demandaban cancelar la deuda de sus salarios que sumaba en muchos miles de millones de rublos. La amplitud y la agudez de aquel movimento superaba a todos los ejemplos conocidos antes en la historia moderna de Rusia. Las protestas asumieron las formas del bloqueo de las carreteras y ferrocarriles, hasta del ferrocarril estratégico de Transsiberia, lo que iba a llamarse la “guerra de rieles”. En el momento más agudo de la situación, se dimitió al gobierno de los “jovenes reformadores” encabezado por el premier S. Kirienko. Se le cargaron sobre él toda la responsabilidad de los errores en la dirección económica. Se nombró el flamante premier E. Primakov, viejo cuadro de Gorbachov. Él proclamó el rumbo “patriótico nacional” para salvar a la economía de la patria. Le apoyó la oposición parlamentaria, hasta el Partido Comunista de la Federación Rusa que delegó a su representante Yu. Masliukov al gobierno. Este “gobierno de la confianza popular” tapó los enormes huecos de las deudas del salario con los miles de millones de rublos devaluados. Logró bajar la ola de las protestas populares. Ayudó a la clase gobernante y a todo el régimen burgués a superar la crisis por medio del otro saqueo del pueblo, segundo por su tamaño después del saqueo del 1991. La devaluación del rublo en cuatro veces auydó a cierto alivio de la industria rusa. Al pasar el período más agudo de la crisis (del agosto de 1998 al mayo del 1999), el “gobierno de la confianza popular” cumplió su función y se le dimitió. Se nombró de premier a S. Stepashin, ministro del Interior (mayo-agosto de 1999), y después le siguió V. Putin, director del Servicio Federal de la Seguridad. Aquí tenemos el ejemplo clásico: las privaciones de la salida de la crisis se cargan sobre las espaldas de los trabajadores con la ayuda de la oposición “patriótica”, y de hecho oportunista. Hoy día, la historia se repite: otra vez las autoridades llaman a la responsabilidad de la oposición, al consenso nacional, al máximo esfuerzo, al cambio de cuadros en el bloque gobernante-financiero-económico, etc. El ala oportunista de la izquierda apoya a esta línea de un u otro modo. Aconsejan al gobierno el amplísimo abanico de las medidas “constructivas” desde la imprenta de las “obligaciones del crédito estatal anti-crisis que podrían comprar todos que desean ” (¡seguramente, el comprador será el gran capital! – autores) hasta la “verdadera competividad en el proceso político, la renuncia de las autoridades a la presión administrativa, el retorno a las elecciones de su función inicial de la comparación de programas, y la posibilidad de la libre votación ciudadana”. Por la opinión de los líderes del PCFR[7], bajo estas condiciones “se puede hablar de algún formato de la interacción y realización de las medidas anti-crisis”. Distintas de esto por principio son las tareas de comunistas ortodoxos y su táctica en el período de la crisis. La tarea para que los comunistas deben trabajar no es apaciguar la situación sino utilizarla para explicar las verdaderas causas de la crisis y propagandizar la necesidad del máximo posible desarrollo de la lucha propia de la clase obrera. Las demandas de los comunistas deben, por una parte, contener las reivindicaciones que reduzcan la presión sobre los derechos e intereses socioeconómicos de los trabajadores, y por el otro, orientar la resistencia hacia el logro de las nuevas oportunidades de la lucha política y económica en el período del debilitamiento de todo el sistema capitalista. La tarea mínima de los comunistas es ayudar a la clase obrera a salir de la crisis haciéndose más organizada, más cohesionada y más combativa que antes de ella. En algunos países con cierta combinación favorable de circunstancias, el desarrollo de la crisis puede desembocar en la situación revolucionaria. Los comunistas deben ser listos a esta, y no asustar a sí mismos, ni tampoco a las masas trabajadoras, por el peligro de una explosión social. V.I. Lenin decía: “Quien lucha de verdad, naturalmente lucha por todo; quien prefiere la mediatización a la lucha, naturalmente señala de antemano los pedacitos con los cuales tiende a satisfacerse en el mejor de los casos (en el caso peor, le satisface aún la falta de la lucha, es decir, se reconcilia por largo tiempo con los señores del mundo viejo...”[8].
Permitamos a sí no sólo desacordar sino oponernos con fuerza a las declaraciones semejantes. Los recursos del capitalismo no quedan agotados, ni a escala mundial ni tampoco en los países capitalistas apartes. Más aún: cabe reconocer que uno de los recursos fundamentales del capitalismo actual, o sea, del imperialismo, es el notable fortalecimiento del oportunismo en el movimiento de la izquierda. El propio imperialismo posee de gran experiencia y enormes recursos para dirigir de los procesos de la formación de la opinión pública. Se sabe que en los períodos de las crisis, una de las salidas es el camino de la fascistización política y la desatada de nuevas guerras. Sin embargo, en todos casos, aún cuando no haya fascistización aparente del sistema, la burguesía combate ante todo a las fuerzas clasistas de izquierda. Para esto, los capitalistas han apoyado siempre, y seguirán apoyando, a aquellos partidos oportunistas que por su denominación y fraseología más asemejen a las organizaciones revolucionarias, y van a apoyar su lucha contra las organizaciones ortodoxas de los marxistas. Expresandonos de manera figurada, en la situación muy apretada los propios capitalistas van a izar la bandera roja, cantar “La Internacional” (encontrando primeros cantores entre los oportunistas que conocen las palabras del himno proletario) y llamarse de constructores del socialismo moderno del siglo XXI. Así las cosas, hoy día en las condiciones de la crisis y de la elaboración de la táctica comunista de la organización de lucha contra el imperialismo, sus defensores y cómplices, más actuales que nunca son aquellas palabras proféticas de V.I. Lenin: “Lo más peligroso en este sentido son las gentes que no desean comprender que la lucha contra el imperialismo, si no va ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo, es una frase vacía y falsa”[9].
V.A. Tiúlkin, Primer Secretario del CC del PCTR-PRC M.V. Popov, profesor de la Universidad Estatal de St. Petersburgo, Doctor en Ciencias Filosóficas
[1] Leni V.I. Obras completas (en ruso). Tomo 38. P.417-419. [2] Henry Ford. Mi vida. [3] Lenin V.I. obras completas (en ruso). Tomo 22. P. 25. [4] Lenin V.I. Obras completas (en ruso). Tomo 3, p. 46-48. [5] Lenin V.I. Obras completas (en ruso). Tomo 27. P. 305, 308. [6] Marx C.; Engels F. El Capital Tomo III. Anexo II. Bolsa. [7] Ver los materiales de la rueda de prensa en «Pravda”, 10-13.04.2009. [8] Lenin V.I. Obras completas (en ruso). Tomo 10. P. 197 . [9] Lenin V.I. Obras completas. (en ruso) Tomo 27. P. 424. |



